Formación de orientadores en Argentina: La incorporación de las tecnologías a las prácticas orientadoras. (1) En pocos años, las TIC generaron nuevas formas de comunicación y de acceso a la información que, transformada en un bien de consumo, pasó a formar parte del escenario que los jóvenes habitan con avidez, modificando sus modos de acceder a la información y de percibir y construir conocimiento. Esta inmersión de los adolescentes y jóvenes en las prácticas mediadas por la tecnología, la masividad de su utilización y su permanencia, generaron cambios en el acceso a los saberes, en la memoria, la comunicación y la creatividad. Es difícil pensar que las TIC solo tengan un valor instrumental ya que utilizadas como juego, como fuente de información o como modo de expresión, conforman el escenario en el cual las nuevas generaciones perciben, aprenden y se comunican con otros. Tal como afirma Echeverría (1999) la mediación tecnológica deja de ser meramente instrumental para espesarse , densificarse y convertirse en estructural; ya no se trata de aparatos, sino de modos de percepción y lenguaje, de nuevas sensibilidades y escrituras. Los saberes, se escapan de los lugares y los tiempos socialmente asignados para su circulación - las instituciones educativas y los libros- (Martín-Barbero, 2007) y de las figuras legitimadas para su distribución, para diseminarse en las redes de las tecnologías en las que las fronteras entre el saber académico y el saber común se difuminan (Martín-Barbero, 2003) Los estilos comunicacionales también han mutado: a través de conexiones simultáneas y aterritoriales, la red se transforma en un espacio compartido entre múltiples usuarios, con visiones y opiniones distintas o contradictorias, en las que la imagen de un cuerpo adornado, el relato de sentimientos y experiencias intimas, felices o dolorosas, son señales de nuevas prácticas de intercambio y de una novedosa socialidad. Las personas que acceden a la red – para buscar información o para chatear– forman verdaderas comunidades, que se reúnen no por cercanía o relaciones previas – sino por intereses comunes. Es un conjunto vivo de relaciones en el cual todo está en contacto con todo: los textos y documentos entre sí - a través de los links -, las personas entre sí - a través del chateo y el correo electrónico -, y los textos con las personas - a través del acceso a todo tipo de información, datos y referencias. (Denis de Moraes, 1998) Las TIC no sustituyen los usuales códigos comunicacionales, ya que para gestionar y apropiarse de información adecuada y vincularse con otros, expresando lo que realmente quieren transmitir, las personas deben desarrollar saberes y competencias que a veces parecen obvios: lectura, escritura, y habilidades de comprensión y comunicación. Encontrar la información ajustada a las necesidades requiere poder definir qué es exactamente lo que queremos averiguar y saber cómo pedirlo. Todas estas actividades ponen en juego procesos mentales. Lo nuevo es que se activan de modos distintos a los habituales.
Las TIC generan nuevas reglas de juego, exigen competencias cognitivas y sociales cualitativamente distintas y proponen otros estilos de percepción, pensamiento, memoria y comunicación. Los escenarios ya no están ubicados en las coordenadas espaciales que habitualmente habitamos, locus que nos dieron la identidad de ser ciudadanos “de aquí”, sujetados a las legalidades y al “sentido común” del lugar que habitamos. La universalidad que ofrecen las TIC propone porosidad de fronteras y por lo tanto la aparición de nuevas legalidades, incertidumbres e inestabilidades. (Bauman, 2002) Las TIC no son objetos desprovistos de cultura, son herramientas culturales que como otros dispositivos, median la relación del sujeto consigo mismo, con otros hombres y con el mundo. Al ser propias de una época y de una circunstancia social concreta, facilitan un modo de actuar sobre el mundo y promueven una particular forma de regulación interna, ya que usan la herramienta para generar nuevas formas de conocer, recordar, y comunicarse. (Peavy, 2004) La inclusión de las TIC en la vida social sigue siendo interrogada y aunque la adjetivación polarizada tecnofílicos / tecnofóbicos nos parece totalmente superada, seguimos escribiendo y discutiendo intensamente sobre el impacto de las nuevas tecnologías en la construcción de subjetividades. La educación y la orientación no están excluidas de estos atravesamientos, aunque debemos reconocer que en este sentido la producción teórica sobre las tecnologías en el terreno de la educación es de lejos - al menos en nuestro país – mucho mas prolífica que en el campo de la orientación. Muchos autores han investigado sobre las posibilidades que ofrece la tecnología y sobre la resistencia de algunos actores sociales a incorporarla en la producción de conocimiento y la circulación de la información. Llegamos aquí al punto que nos interesa remarcar: cómo sustraerse a la tensión que inevitablemente aparece entre estas nuevas legalidades que viven los jóvenes, aprendidas en escenarios que no son la escuela tradicional, sino el ciber y en tiempos que no son los horarios de la escuela, en los cuales los adolescentes y jóvenes construyen saberes y competencias que muchos adultos desconocemos. Siguiendo con la imagen que plantea Bauman: cómo conciliar nuestras solideces adultas con las liquideces de nuestros jóvenes? Entiendo que la respuesta está en replantear la relación de los adultos con la tecnología, incorporarla responsablemente a las prácticas educativas y orientadoras y promover la investigación y la reflexión sobre ellas, estableciendo un nuevo diálogo creativo y crítico. Qué relación establecemos entonces entre las TIC y los procesos de Orientación Educativa y Vocacional?
Las nuevas tecnologías, puestas al servicio de la tarea orientadora, ofrecen interesantes alternativas para este proceso: gran cantidad de datos organizados, posibilidad de contactos interpersonales, facilidad de acceso a la información, interactividad que motoriza la curiosidad y una estética que sostiene el interés en la tarea. Pueden potenciar los servicios de orientación vocacional, ya que permiten que la información adecuada, esté disponible para los consultantes que la requieran, en el momento en que la necesiten, sin limitaciones temporales o geográficas. Las posibilidades que pueden ofrecernos las TIC en la tarea orientadora, no han sido suficientemente investigadas en nuestro medio. El uso de internet, de softwares especializados y de otras alternativas tecnológicas, modifican las intervenciones orientadoras y suponen adecuaciones y aprendizajes de nuevos roles y competencias complementarios a las funciones tradicionales, que deberían ser incorporados en la formación de los especialistas en orientación. A la limitada formación tecnológica de educadores y orientadores, se suma la falta de tradición en el uso de las tecnologías en este campo y a los escasos desarrollos diseñados para estas prácticas. Necesitamos incluir en la formación de los orientadores contenidos de análisis y reflexión sobre las nuevas tecnologías, para pensar cómo se puede construir sentido alrededor de las TIC y cómo generar nuevas prácticas que respondan a los signos de estos tiempos. El desafío está frente a nosotros. * Sobre la autora
Notas Bibliografía
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